Perspectiva

29 Dec

Esta es una historia verídica y los nombres se han omitido para no revelar la identidad de algunos de sus protagonistas.

Comenzaba para mí el último día laborable del 2012. Temprano en la mañana me encuentro con una amiga y en menos de un segundo sabía que algo no estaba bien. En el próximo segundo ya supe cuál era la emoción que controlaba su estado de ánimo: enojo, rabia. Comenzó pidiéndome que mirara por la ventana. Y así, escuchando sus palabras  complementadas con la imagen de su vehículo con un cristal destrozado, entendí la historia detrás de su rostro enrojecido y ojos llorosos. Apenas veinte minutos antes se había detenido frente a una conocida panadería. Estacionó su vehículo de apenas dos años en una de las avenidas más transitadas de San Juan. Tardó apenas unos cortos minutos en hacer su compra y de regreso a su vehículo se encontró con la alarma de su auto activada y varios testigos dando la versión de lo ocurrido. Un deambulante que frecuenta el vecindario agarró la tapa de metal de un contador de agua y la lanzó contra el cristal de la puerta del pasajero. Le echó mano a lo primero que encontró: un smartphone último modelo y su cartera de mano. Salió corriendo con su botín y aunque varios lo vieron, nadie hizo nada. Ella, ante el enojo y el nerviosismo del momento, se fue del lugar sin hacer nada.

Junto a otros compañeros tratamos de calmarla y recomendarle los próximos pasos a seguir.  Primero: llamar a la policía para orientarnos sobre el proceso de presentar una denuncia. Nos indicaron que una patrulla pasaría por el lugar de los hechos más tarde. Lo próximo, llamar a la compañía de su teléfono móvil para desactivarlo. Luego, el consenso general era que regresáramos inmediatamente al lugar y buscáramos por los alrededores con la esperanza de que el ratero hubiese soltado la cartera en algún punto cercano. Así por lo menos se ahorraría el gran problema de reponer sus documentos e identificaciones importantes. Además, teníamos que reunirnos con la policía.

Regresamos al lugar y buscamos por las rutas de escape que entendíamos pudo haber seguido el ladrón. Luego de un rato, encontré su cartera con todos sus documentos y algún dinero que el ratero no detectó en su apresurada búsqueda. Por lo menos, ya teníamos un punto positivo a nuestro favor entre tanto malestar e inconvenientes. Minutos después, la patrulla policíaca llegó y los oficiales tomaron los datos para “iniciar la investigación”.

Tratando de resumir la historia, hubo otros puntos positivos durante el día. Su teléfono estaba asegurado y si pagaba un deducible, tendría pronto un teléfono similar al que le habían robado. Además, otro amigo le consiguió una muy buena oferta para remplazar el cristal roto. Más tarde llevó el vehículo para que lo repararan.

Ya cerca de las 5PM estaba en el centro de servicio al cliente de su compañía celular y aparentaba que todo se estaba resolviendo de la mejor manera posible. El deducible para adquirir otro teléfono similar era $125. Y además, el teléfono no sería nuevo sino refurbished (casi nuevo, levemente usado). A mi amiga no le agradaba esto y el enojo que ya había logrado manejar durante el día amenazaba con tomar el control nuevamente. Tan pronto recibe su nuevo teléfono, recibe una llamada del taller donde estaba su vehículo. No habían recibido el cristal que necesitaban. Y debido al fin de semana y días festivos próximos, no tendría su vehículo sino  hasta el próximo miércoles (5 días más tarde). Ante esta noticia, la rabia tomó control del momento. Comenzó a quejarse de todo lo ocurrido durante el día: los cerca de $500 que había gastado hasta ese momento, los días en que dependería de otras personas para su transportación, el teléfono usado que recibió luego de pagar $125… Decía que hubiera preferido encontrarse con el ratero en el momento de la fechoría para enfrentarlo y agredirlo. Ya sus palabras estaban llenas de rencor y carentes de toda prudencia y sensatez. La muchacha que la atendía le dijo –“Este teléfono es algo material que se puede remplazar, pero lo importante es su vida y su salud. Gracias a Dios todo está bien y usted está viva.”

Pero mi amiga no quería escuchar, solamente soltar a través de sus palabras la rabia que sentía. Y tal vez habrá quién opine justificando sus palabras y acciones en ese momento de gran enojo.

La joven que le atendía le añadió –“Le quiero decir algo para tratar de que se sienta mejor. No es mi intención ofenderla y espero me entienda. Pero esto es material y se puede reponer; la vida no. La vida es lo realmente importante. Mi papá murió este pasado domingo y su vida no se puede reponer. ¡Cómo quisiera que $500 me trajeran de vuelta a mi papá!”

Silencio….

En ese momento, por primera vez miré a esa muchacha y vi en su rostro las huellas dejadas por varios días de llanto. Me aferré a mi nerviosa y extraña sonrisa, sabiendo que estábamos todos al borde de un precipicio. Y que un paso mal dado por cualquiera de los allí presentes, nos empujaría a todos en una caída libre, sin saber que tan profundo caeríamos o cuán lastimados saldríamos. Me agarré con fuerzas a tal vez la sonrisa más vacía y falsa de mi vida, luchando en mi interior por mantenerme firme e inconmovible. Pasaron unos segundos eternos… seguíamos allí, nadie se fue risco abajo. Aparentemente pasó el peligro.

Horas después, me siento agradecido por tantas bendiciones, especialmente por la capacidad de aprender, de entender, aún cuando las lecciones no vayan dirigidas a mí (aparentemente) ¿Cuál es la lección entonces? Si has leído hasta este punto, entenderás sin tener que explicar…

 

Advertisements

8,337

29 Nov

Luego de una semana completamente desconectado (sin teléfono, mensajes de texto, Internet, Facebook, noticias) regreso a la normalidad. Fue una experiencia interesante y no tan difícil como pensaba. Creo que en un próximo artículo hablaré sobre esta “conectividad” en nuestras vidas, inevitable y vital para muchos. Lo primero que me encuentro al conectarme fue este artículo:

30 Things to Stop Doing to Yourself (30 cosas que debes parar de hacerte a ti mismo)

Al comenzar a leerlo me encuentro con el primer punto: “Pare de dedicarle tiempo a la gente equivocada” (Stop spending time with the wrong people).Para mí, ésta ha sido una de las reglas más importantes en mi vida: acercar a las personas que enriquecen tu vida y alejar a las personas que drenan tu energía y felicidad (recientemente escribí el primero de una serie de artículos sobre las personas que han aportado cosas positivas a mi vida: La Gran Cocoroca). Busco aplicar esta regla a todas los aspectos de mi vida: profesional, personal, familiar, emocional, espiritual. Pero, especialmente en relaciones sentimentales.

Para muchas personas no es fácil reconocer cuando una relación sentimental hace más daño que bien. Y aún luego de haberlo reconocido, no les es fácil tomar los pasos que los lleve por otro nuevo camino. En mi caso,  yo he recurrido a muchas opciones que me ayuden, incluyendo la música.

La música es una parte esencial de mi vida cotidiana y a la vez, una herramienta muy útil en este camino de aprendizaje, crecimiento y la mítica búsqueda de la felicidad. Muchos buscan la música que sea apropiada al estado de ánimo que viven en ese momento. Yo busco la música que me lleve al estado de ánimo que quiero vivir en este momento y en el futuro. A muchas canciones las he ascendido al rango de mantra; las incorporo en mi rutina y las repito frecuentemente, buscando una transformación en algún aspecto de mi vida. Por ejemplo, cuando he tenido que terminar y salir de alguna relación enfermiza, algunas canciones me han dado el impulso necesario y la fortaleza para seguir adelante. Si escuchas y prestas atención a la canción Nada de Juanes, podrás entender lo que quiero decir.

Otra “terapia musical” que uso frecuentemente me ayuda a soltar el deseo de controlar y aceptar la incertidumbre como parte de mi vida. ¿De qué consiste? Pues, muchas veces que voy conduciendo sólo en mi vehículo, coloco mi iPod a tocar música al azar (shuffle mode). Si es un viaje largo, mucho mejor. Escucho las canciones que salgan, esforzándome en no juzgar y no controlar. Si no me gusta la canción “escogida, trato de no brincarla y escucharla completa. En algunas ocasiones siento que ocurre algo maravilloso. La música comienza a fluir, las canciones comienzan a hablarte, trayendo cada una un pedazo de un mensaje que continúa con cada próxima canción. Es algo difícil de explicar.

Te daré un ejemplo que me ocurrió recientemente. Un domingo, me monto solo en mi vehículo y conecto mi iPod. “Shuffle all songs. La música fluye, la distancia y el tiempo pierden sus proporciones. Mi mente viaja al pasado y repasa el fin de una relación que dejó huellas negativas en mí. Me pregunto si el temor y la angustia quedaron atrás, o si aún quedan rastros ocultos. Decido volver a escuchar la canción/mantra que me ayudó a superar esa etapa en mi vida. El equipo de audio de mi vehículo, aunque puede integrarse y manejar el iPod, no es tan rápido ni de fácil navegación. Usando los controles del auto, comienzo a buscar el artista. Pero es tan lento. Me puede tomar varios minutos encontrarlo moviendo los controles del radio. Además, tengo que mantener mi atención en la carretera. Nada, olvídalo. La escucharé otro día. Regreso a las canciones al azar. Ya te mencioné que el radio es lento y se comporta raro al manejar la iPod. Siempre que comienzo a usarlo en shuffle, siempre empieza con la misma canción, aunque luego siga escogiendo las próximas canciones random. La primera canción siempre es (y ahora no se rían burlándose de mi) el tema de la serie de televisión The A-Team. ¿Te puedes imaginar eso? Me ha pasado a menudo: alguien se monta en mi auto, pongo la música y lo primero que se escucha son los tambores estilo militar de The A-Team.

 Pero, de vuelta a la historia. Brinco a la próxima canción, y ¡adivina cuál fue la próxima canción! ¡La canción que quería escuchar! En ese momento quedé sorprendido pero a la vez calmado, agradecido. Escuché una vez más la canción que tantas veces había escuchado. Pero en ese momento era diferente, era la respuesta inesperada a una pregunta planteada calladamente en mi interior. Aunque las lecciones aprendidas en aquella relación permanecen, todo lo negativo queda atrás. Aunque todo lo aprendido viene acompañado de recuerdos no tan gratos, ya no me afecta. Ahora puedo ser testigo imparcial de unos recuerdos, de unos eventos que ya no me afectan.

Bueno, ¿y cuál es la canción?    Lejos, de Noel Schajris

¿Y por qué el título “8,337”?       Esa es la cantidad de canciones que tiene mi iPod.

1 en 8,337… es una buena probabilidad. ¡Bueno! En verdad, 1 en 8,336, porque la primera siempre será The A-Team.

 

 

La Gran Cocoroca

13 Nov

Dime con quién andas y te diré quién eres. Así dice un viejo refrán. Y me atrevo apostar que a  muchos les trae recuerdos de la niñez cuando nuestros padres usaban ese argumento para indicarnos que no aprobaban alguna de nuestras “juntillas”. De adulto descubrí que había algo de cierto en ese refrán. Aunque creo que debería decir algo así como “dime quién quieres ser y te diré con quién debes andar”.  Es importante el papel que nuestros amigos juegan en nuestras vidas. Si queremos vivir una vida con propósito, soñar, trazarnos metas y buscar conseguirlas, debemos prestar importancia a la gente que nos rodea y que aporta a nuestras vidas.

Quiero comenzar una serie de artículos sobre esos amigos que han hecho diferencia en mi vida. Gente que con sus palabras, con su ejemplo y muchas veces, sólo con su presencia han enriquecido mi vida de una manera increíble. Primero, quiero aclarar que no hay orden de importancia ni prioridad al momento de escribir. Cuándo sea el momento, hablaré de cada persona sin restar importancia a los que no he incluido en mis escritos. Así que nadie se enoje conmigo que ya mismo incluiré a más personas  🙂 .

Quiero comenzar por La Gran Cocoroca: Rubis Marilia Camacho. Hace algunos años, en mi trabajo anunciaron que fuera de horas laborables iban a dar un taller básico de escritura creativa. Y quién estaría a cargo sería Rubis. Comencemos por señalar que estas clases las daría gratuitas, sin ningún costo para los participantes y sin cobrar nada por su labor. Recuerdo que comenzó el primer día señalando que era “una enamorada de la palabra”. Y con el paso del tiempo pude convencerme de la realidad de su comentario y la pasión que ella siente y transmite por la palabra escrita (y hablada). A partir de ese primer día, ha sido un camino de gran esfuerzo para mí el sacar el enmohecimiento en mi mente que tantos años de trabajar con tecnología han causado. Tengo que reconocer que escribir sobre una escritora es algo verdaderamente atrevido de mi parte.

Rubis es la adiestradora más destacada de mi compañía. Y eso no es sólo mi opinión, si no la de muchos compañeros que han participado de sus charlas. Rubis ha sido abogada, adiestradora, escritora y pastora de una iglesia. Uno de los momentos más emotivos de mi vida fue cuando ella ofició mi boda. Bueno, la boda de Grisselle y mía. Fue un momento especial, rodeado de personas que aportaban amor y alegría, dirigidas por Rubis.

Rubis tiene el don de la palabra que yo quisiera tener “cuando sea grande”. En cada adiestramiento, charla, conferencia que ella brinda demuestra el dominio total de su audiencia, del tema, de todo lo que ocurre en ese momento. Ella me sirve de ejemplo a seguir cada vez que hablo en público, aunque sé que tardaré muchos años para poder igualarla. Al escribir mis artículos, pongo en mi mente la meta, inalcanzable para mí, de poder escribir con la facilidad y comodidad que ella lo hace.

Como amiga, Rubis es como un entrenador en un gimnasio, cuyo lema es No pain, no gain; te lleva hasta el límite de tus capacidades sabiendo que así se consigue el verdadero crecimiento y beneficio. Sus preguntas y comentarios me retan y hacen que tanto mi mente como mi espíritu se expandan más allá de cualquier zona de comodidad. No esperes que ella te pase la manita sobre el hombro en señal de consuelo. Todo lo contrario, te va a empujar hasta el punto donde todo se descubre al remover las cortinas de las excusas ensayadas y las justificaciones aparentemente lógicas.

Rubis vive apasionadamente el arte: música, literatura, pintura. Y creo que eso es cada vez más necesario en nuestra sociedad: vivir la vida con pasión, hacer espacio en nuestras vidas para el arte y la belleza, tener un propósito noble en nuestra existencia.

Por último, siempre le llamo la Cocoroca porque hace un tiempo presentó una muy exitosa conferencia llamada La Gran Cocoroca durante la Semana de la Mujer. En esta magistral presentación usaba la poesía de Luis Palés Matos, la música y el drama para llevar un mensaje de afirmación de la mujer y de nuestra herencia africana. Realmente fue algo extraordinario. Y Rubis es y será siempre para mí La Gran Cocoroca. ¡GRACIAS, RUBIS!

Enlace a su página en Facebook

Y su más reciente libro en Amazon

 

¡Gracias a la vida, que me ha dado taaan

4 Nov

¡Gracias a la vida, que me ha dado taaanto!
http://ow.ly/f0qai

Consejitos pa’ Facebook

27 Sep

A veces pienso que estoy en una posición privilegiada. Digo, no tan solo yo, sino todos los de mi generación (finales de la generación baby boomers, principios de la generación X). Hemos visto la evolución tecnológica en su momento de máxima aceleración (hasta ahora). Desde cuando se perforaba una tarjeta para escribir una línea de código de programación, hasta hoy que con sólo tocar una pantalla o deslizar un dedo sobre ésta ejecutamos no-sé-cuantas instrucciones en un app.

Algo que ha revolucionado todo son las redes sociales. Desde la manera en cómo nos comunicamos, cómo se promociona un producto (incluyendo candidatos presidenciales), hasta el inicio de cambios políticos y sociales que terminan tumbando gobiernos. En esta ocasión te hablaré un poquito de Facebook y daré algunos “consejitos” sobre el uso adecuado de esta red. Estos tips van dirigidos a algunos tipos de personas en específico; lo más seguro a ti no te apliquen porque usas Facebook correctamente. No te preocupes; no entraré en detalles muy técnicos. Todo es cuestión de un poco de sentido común.

  1. A quienes todo lo escriben en su status y tiran al medio al que sea: Todo lo que colocas en tu wall / timeline es público y lo ven, en el mejor de los casos, todos tus amigos. Cuando no tienes tus settings de privacidad configurados correctamente, todo el mundo puede ver lo que “posteas”. Es como si te pararas en la plaza de tu pueblo o en un pasillo de Plaza Las Américas a gritar lo que quieres decir. Lo que deseas decirle a una persona, escríbeselo directamente en un mensaje privado. No resuelvas tus peleas y discusiones con tus amigos, conocidos o con tu pareja en el muro de Facebook. Como dice el refrán, los trapitos sucios se lavan en casa.
  2. A quienes “taguean” a todo el mundo aún cuando no estés en la foto: El propósito de etiquetar una foto es avisar a tus amigos que colocaste una foto donde ellos aparecen. No es para obligarlos a ver una foto. Nuevamente, cuando la “tagueas” la haces pública. Si quieres que tus amigos vean una foto, compártela con ellos solamente.
  3. A quienes invitan a todo el mundo a jugar cuánto jueguito aparece: Como dice el dicho: “No es que moleste, sino lo seguidito.”. Si no he aceptado tus 3 invitaciones previas a jugar Poker with Zombies , ¿por qué piensas que voy a aceptar cuando me invites la 4ta vez? (lo de Poker with Zombies es un invento mío)
  4. A quienes instalan cualquier app sin verificar para qué sirve o cómo funciona: Cada vez que instalas un programita, accedes a compartir tu información personal con la compañía que lo creó. Digo, algunos programas son muy útiles y valen la pena. Pero muchos no. Lo importante es que leas un poco antes de dar clic en el botón de OK. No sea que termines instalando un app que notifique a todo el mundo cada vez que veas un video de alguna chica, como diría Lolo Bond, “de escasas ropas y abundantes carnes”. (y estos apps no son inventos míos, existen)
  5. A los que están practicando desde ahora a ser celebridades, colocando todos los detalles de su vida: ¿Tengo que explicar esto? ¿Como diría? Pues, hay algunos que están preparándose para  cuando tengan una legión de paparazzis y periodistas averiguando y divulgando todos los detalles de su vida. Incluso añaden casi todos los días fotos nuevas a su portfolio posando de su mejor lado. Sólo me viene a la mente  aquellos anuncios de bebidas alcohólicas que decían: “la clave está en la moderación”.

Por último, ya han surgido casos en Estados Unidos dónde potenciales empleadores solicitan que los candidatos a empleo provean acceso a sus cuentas de Facebook. Así las compañías verifican la reputación, los antecedentes, “la vida virtual” que los candidatos han creado en las redes sociales. Independientemente si esto es legal o aceptable, el asunto es que lo que cada persona coloca en las redes sociales permanece y se almacena. Los de mi generación sabemos que gran parte de nuestras vidas  ocurrió antes de las computadoras, el Internet y las redes sociales. Nuestras “travesuras” pasadas quedaron grabadas en la memoria volátil de los que fueron testigos de nuestros actos. Pero para las generaciones más recientes, todo está documentado, almacenado en servidores debidamente protegidos y resguardado, para la posteridad.

Más adelante continuaré con más consejitos. Me imagino que muchas de estas orejitas no te fueron de utilidad porque no eres ninguno de los casos que mencioné.  Tal vez para la próxima los consejos sean más acertados.

 

¡Sonríe!

21 Sep

Acabo de terminar de leer el libro Smile: The astonishing powers of a simple act (TED books) de Ron Gutman. De manera breve y concisa Gutman explica la magia de sonreír  y los beneficios que obtenemos de este simple acto. Siempre he considerado que sonreír frecuentemente es un hábito que transforma la vida de cualquier persona y busco practicar esto constantemente.

Encontré mucha información interesante pero especialmente algunos detalles que desconocía. Por ejemplo:

  • Un estudio reveló que podemos detectar una sonrisa desde más de 300 pies de distancia. Esto es el doble de la distancia necesaria para detectar otras expresiones faciales. Como parte de nuestra evolución, el ser humano desarrolló esta capacidad para poder determinar si una persona se acercaba en actitud hostil (enemigo, ¡peligro!) o de manera amigable.
  • Un mecanismo inconsciente que utiliza el ser humano para detectar si una sonrisa es genuina es la imitación. Vemos a una persona sonreír y en fracciones de segundos imitamos la sonrisa. Por la manera en que nos sentimos al imitar sabemos si la sonrisa es genuina. Este mecanismo es muy rápido y automático.
  • En Japón y otros países de Oriente, las personas sonríen más con sus ojos que con su boca. En Estados Unidos las personas sonríen usando más su boca. Una muestra de esto, el “emoticon” de sonrisa: en E.U.  🙂 ,    en Japón ^_^
  • Varios estudios científicos han confirmado una teoría de Charles Darwin, quien señalaba que nuestras expresiones faciales, incluyendo la sonrisa, tienen un impacto directo en nuestras emociones. Nos sentimos bien cuando sonreímos, en vez de meramente sonreír porque nos sentimos bien.
  • Se han realizado estudios con personas que usan botox en sus rostros. Se ha encontrado que la parálisis en los músculos faciales obtenida con el botox causa que estas personas afecta su capacidad de sentir emociones. Además, afecta su habilidad de reconocer  emociones en otras personas.

Recuerdo cuando hace unos años una joven de mi familia me mostraba fotos de sus más recientes vacaciones. Había visitado los parques temáticos de Disney en Florida con su novio y la familia de éste. Inmediatamente me percaté de un detalle: su novio nunca sonreía, en ninguna foto. Me dediqué a observar cada uno de las imágenes; no, ni una sola sonrisa. Siempre estaba con esta expresión que ya se ha vuelto tan común entre nuestros jóvenes. Era como una mezcla de reggaetonero, gangster, mafioso. Me imagino que ya saben a cuál expresión me refiero. Y si no, busquen en Google alguna imagen de Wisin y Yandel y ya verán de lo que hablo. ¿Pero cómo es posible que este joven ni siquiera en “el lugar más feliz del mundo”, Disney World, pudiera sonreír?  En ese momento supe que algo no estaba bien con aquel muchacho. Por suerte, pronto pasó de la categoría de novio a ex-novio (YES!!!).

Sonreír causa un ciclo sinfín de bienestar: sonríes, te ves bien y te sientes bien, los demás te ven sonreír, te imitan y sonríen, se ven y se sienten bien, y nuevamente comienza el ciclo. Cuando sonreímos afectamos positivamente nuestro mundo interior y nuestro entorno. En estos tiempos más que nunca, necesitamos sonreír. Es más, no nos podemos dar el lujo de NO sonreír. Mucha gente puede pensar que cuando sonreímos mostramos debilidad o vulnerabilidad. No creo que sea así: quién sonríe muestra seguridad y confianza en sí mismo, amor por sí mismo. Aquel que muestra esta cara seria, desafiante, agresiva solamente demuestra que está levantando un muro para esconder detrás de su expresión temores e inseguridades.

Así que sonríe plenamente, en cada momento, en cada lugar. ¡Sonríe!

 

Aquí puedes ver una conferencia del autor Ron Gutman hablando de este tema para TED.com.

Cosas del destino

31 Aug

Creo que casi todos en algún momento de nuestra infancia imaginamos cómo sería viajar en el tiempo y hacer cosas en el pasado que cambiaran el presente y el futuro. Posiblemente la televisión o el cine tuvieron que ver algo con eso. Pudo haber sido la serie de TV “El Túnel del Tiempo”, o películas como “Back to the Future” o “Time Cop”, o la serie “Lost”. (la última oración tuvo la intención de determinar a qué generación perteneces 🙂  ). Y ya de adultos, seguimos con ese pasatiempo mental. ¿Cómo sería mi vida si hubiera decidido una opción diferente en algún momento dado? ¿Dónde estaría? ¿Quién estaría a mi lado? Me atrevo a apostar que en cada reunión de clase graduada que ocurre el 90% de los participantes se hacen estas preguntas.

 Quiero compartir una historia. Cuando niño, la casa en que vivíamos tenía un patio grande. Realmente no era tan grande, pero en proporción con la pequeña casa, parecía enorme. Por “cosas del destino”, en la parte de atrás de la casa terminó depositada una antigua nevera inservible. Era de esas que tenían una especie de cerradura y que para abrir la nevera, había que halar la manija en la puerta. Obviando toda regla de seguridad, consejos, y advertencias de mi mamá  aquella antigüedad se volvió el centro de todos nuestros juegos. Cada vez que jugábamos al escondite, peleábamos para escoger quién se escondería dentro de la nevera, aún cuando sabíamos que era el primer lugar dónde irían a buscarnos. También imitábamos a Houdini, nos metíamos y con una varita o reglita de madera abríamos desde adentro para lograr un magistral escape. Sin importar cuántas veces la usáramos aquella caja mágica no perdía su encanto.

Un día mientras jugaba con mi hermano menor, mi mamá me llamó para que fuera a hacer un mandado al colmado del barrio. Tengo que admitir que una de las razones por la quería crecer rápido era para que ya no me mandaran a comprar cosas  en el colmado. Nada, molesto porque interrumpieron nuestro juego me fui a comprar lo que me habían pedido. De regreso, ya llegando a la casa escuchaba a lo lejos una voz, pero no podía distinguir de donde venía. Le pregunté a mi mamá si había visto a José; ella contestó con una negativa. Salí al balcón de la casa a mirar alrededor a las casas de los vecinos para tratar de ver de dónde procedía esa voz. Aunque lejana, ya podía distinguir que era la voz de mi hermano José. De repente, un pensamiento me chocó y estremeció: ¡la nevera!. Salí corriendo hacia dónde estaba y al acercarme escuchaba golpes desde su interior. Rápidamente, hale la palanca, abrí la puerta y allí estaba José: pálido, enchumbado, no sé si por el sudor o por las lágrimas de su llanto. Creo que por mi mente pasaron muchas cosas pero mi pequeña cabeza inmadura sólo proceso el pensamiento que decía que debía reírme. No sé si por los nervios, o por alegría, pero me eché a reír a carcajadas. En ese momento, José sacó las pocas fuerzas que le quedaban para darme uno o dos puños por reírme de él.

A veces he pensado qué hubiera pasado si me hubiera distraído 3 minutos camino al colmado. Si por “cosas del destino”, hubiera abierto la puerta de aquella nevera más tarde y en vez de terminar en carcajadas y puños, ¿cuál hubiera sido el desenlace de ese momento y el resto de mi vida de allí en adelante?

Es importante que miremos el pasado, analicemos y aprendamos de nuestros errores y triunfos. Pero debemos evitar caer en la trampa de tratar de recrear en nuestra imaginación una vida diferente por haber tomado un desvío u otra ruta en nuestro pasado. El mirar atrás debe ser una herramienta para ayudarnos a delinear mejor la ruta de nuestro futuro. Pero si le dedicamos demasiado tiempo, imaginación y análisis, perdemos la oportunidad de vivir y disfrutar plenamente nuestro presente. Olvidemos y dejemos de preguntarnos como hubiera sido mi vida si me hubiese empatado con fulano o fulana, o si hubiese escogido otra profesión o vocación. Dejemos en el pasado lo que no fue, aceptemos lo hoy es y recibamos con brazos abiertos lo que traeremos a nuestro futuro. A fin de cuentas, no tenemos un De Lorean que nos permita viajar y tratar de enmendar el pasado.

Pd. Mi hermano José está bien y hoy es el miembro de mi familia que más admiro y más me hace sentir orgulloso.