Cosas del destino

31 Aug

Creo que casi todos en algún momento de nuestra infancia imaginamos cómo sería viajar en el tiempo y hacer cosas en el pasado que cambiaran el presente y el futuro. Posiblemente la televisión o el cine tuvieron que ver algo con eso. Pudo haber sido la serie de TV “El Túnel del Tiempo”, o películas como “Back to the Future” o “Time Cop”, o la serie “Lost”. (la última oración tuvo la intención de determinar a qué generación perteneces 🙂  ). Y ya de adultos, seguimos con ese pasatiempo mental. ¿Cómo sería mi vida si hubiera decidido una opción diferente en algún momento dado? ¿Dónde estaría? ¿Quién estaría a mi lado? Me atrevo a apostar que en cada reunión de clase graduada que ocurre el 90% de los participantes se hacen estas preguntas.

 Quiero compartir una historia. Cuando niño, la casa en que vivíamos tenía un patio grande. Realmente no era tan grande, pero en proporción con la pequeña casa, parecía enorme. Por “cosas del destino”, en la parte de atrás de la casa terminó depositada una antigua nevera inservible. Era de esas que tenían una especie de cerradura y que para abrir la nevera, había que halar la manija en la puerta. Obviando toda regla de seguridad, consejos, y advertencias de mi mamá  aquella antigüedad se volvió el centro de todos nuestros juegos. Cada vez que jugábamos al escondite, peleábamos para escoger quién se escondería dentro de la nevera, aún cuando sabíamos que era el primer lugar dónde irían a buscarnos. También imitábamos a Houdini, nos metíamos y con una varita o reglita de madera abríamos desde adentro para lograr un magistral escape. Sin importar cuántas veces la usáramos aquella caja mágica no perdía su encanto.

Un día mientras jugaba con mi hermano menor, mi mamá me llamó para que fuera a hacer un mandado al colmado del barrio. Tengo que admitir que una de las razones por la quería crecer rápido era para que ya no me mandaran a comprar cosas  en el colmado. Nada, molesto porque interrumpieron nuestro juego me fui a comprar lo que me habían pedido. De regreso, ya llegando a la casa escuchaba a lo lejos una voz, pero no podía distinguir de donde venía. Le pregunté a mi mamá si había visto a José; ella contestó con una negativa. Salí al balcón de la casa a mirar alrededor a las casas de los vecinos para tratar de ver de dónde procedía esa voz. Aunque lejana, ya podía distinguir que era la voz de mi hermano José. De repente, un pensamiento me chocó y estremeció: ¡la nevera!. Salí corriendo hacia dónde estaba y al acercarme escuchaba golpes desde su interior. Rápidamente, hale la palanca, abrí la puerta y allí estaba José: pálido, enchumbado, no sé si por el sudor o por las lágrimas de su llanto. Creo que por mi mente pasaron muchas cosas pero mi pequeña cabeza inmadura sólo proceso el pensamiento que decía que debía reírme. No sé si por los nervios, o por alegría, pero me eché a reír a carcajadas. En ese momento, José sacó las pocas fuerzas que le quedaban para darme uno o dos puños por reírme de él.

A veces he pensado qué hubiera pasado si me hubiera distraído 3 minutos camino al colmado. Si por “cosas del destino”, hubiera abierto la puerta de aquella nevera más tarde y en vez de terminar en carcajadas y puños, ¿cuál hubiera sido el desenlace de ese momento y el resto de mi vida de allí en adelante?

Es importante que miremos el pasado, analicemos y aprendamos de nuestros errores y triunfos. Pero debemos evitar caer en la trampa de tratar de recrear en nuestra imaginación una vida diferente por haber tomado un desvío u otra ruta en nuestro pasado. El mirar atrás debe ser una herramienta para ayudarnos a delinear mejor la ruta de nuestro futuro. Pero si le dedicamos demasiado tiempo, imaginación y análisis, perdemos la oportunidad de vivir y disfrutar plenamente nuestro presente. Olvidemos y dejemos de preguntarnos como hubiera sido mi vida si me hubiese empatado con fulano o fulana, o si hubiese escogido otra profesión o vocación. Dejemos en el pasado lo que no fue, aceptemos lo hoy es y recibamos con brazos abiertos lo que traeremos a nuestro futuro. A fin de cuentas, no tenemos un De Lorean que nos permita viajar y tratar de enmendar el pasado.

Pd. Mi hermano José está bien y hoy es el miembro de mi familia que más admiro y más me hace sentir orgulloso.

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